Mis reflexiones en la antesala del Día Internacional de la Mujer
Escrito por Cathy Okada | Traducido por Fran Torres
En Aikido of London, las mujeres la tienen bien, y yo lo sé por experiencia. Algunos de los miembros más jóvenes del dojo también están empezando a darse cuenta después de asistir recientemente a seminarios y dojos externos. “¡Extraño nuestro dojo!” me dijo por teléfono una amiga, aún en sus primeros años de entrenamiento, visiblemente desconcertada y decepcionada, mientras estaba en un seminario. No estoy diciendo que Aikido of London sea un caso aislado ni el único dojo así en el mundo (estoy segura de que no lo es), pero a veces se siente así.
Esto no quiere decir que nuestro dojo sea un lugar cómodo. Tal vez alentador sea una palabra mejor para describirlo. El entrenamiento es duro y somos exigidos al máximo. De hecho, somos afortunados de tener un profesor que nos empuja y nos desarrolla hasta un nivel que le da la confianza (¡creo!) para permitir que quienes queremos podamos enseñar. Pronto vamos a realizar nuestro 2º Intensivo del Día Internacional de la Mujer, el 7 de marzo, con todas las clases impartidas por mujeres. Y son muchas las razones por las que podemos organizar un evento así.
A pesar de su calibre (o quizá gracias a él), el Sensei tiene la humildad y la visión de futuro para nutrir y dar espacio a una nueva generación de profesores, sin importar el género. Eso no significa simplemente entregar toda la responsabilidad de golpe (menos mal, la experiencia de vida y el conocimiento son vitales para el Arte) sino dar un pequeño espacio, que en realidad significa mucho.
La cultura de entrenamiento en Aikido of London es constructiva y acogedora para mujeres y niñas. Los hombres no les dicen “más suave, como una mujer”, como sí le dijo un practicante de alto rango de un conocido dojo en París a una amiga. Tampoco son constantemente corregidas ni interrumpidas con explicaciones durante el entrenamiento, y menos aún por estudiantes considerablemente más principiantes (tengo historias de primera mano, incluida la mía). A quienes dicen que el sexismo ya no es un problema- “no en Aikido, Aikido es diferente” o “ha ido tan lejos que ahora es peor para los hombres”– lamento decirles que esa no ha sido mi experiencia, ni la de la mayoría de las personas con las que he hablado.
Quisiera reconocer, sin embargo, que hasta ahora mi experiencia como instructora en mi propio dojo, Gyodokan, ha sido increíblemente positiva. Nuestros alumnos- que, digámoslo, son en su mayoría hombres- me tratan con el mismo respeto que a Ivan. Ese respeto y atención a mi enseñanza no disminuyen cuando él no está presente. Supongo que aquellos que alguna vez se sintieron incómodos con que yo enseñara simplemente se han ido: hemos tenido un par de casos, y tienden a no quedarse, y tampoco nos esforzamos por retenerlos.
También es importante reconocer que las fuerzas que empujan a las mujeres hacia abajo no provienen exclusivamente de los hombres. La competencia saludable es algo positivo, pero he compartido historias con amigas y amigos en Aikido y en otras disciplinas sobre rivalidades entre mujeres que se vuelven destructivas y negativas: amargura o resentimiento sin control hacia otras mujeres que han ascendido en los rangos, o actitudes de quienes aceptan más fácilmente la enseñanza de hombres que la de otras mujeres. Es fácil señalar a los hombres, pero no podemos hacerlo sin examinarnos a nosotras mismas también; la verdad es que las mujeres también podemos tener sesgos implícitos.
En fin, en la antesala del Día Internacional de la Mujer de este año, me gustaría invitar a los dojo cho a preguntarse si tienen alumnas a quienes, hipotéticamente, podrían confiar un seminario o un intensivo. O tal vez solo una clase. Y si la respuesta es no, los invito a preguntarse y responder honestamente: ¿por qué no?
¿No quiero ceder parte de mi propio espacio?
¿No tengo alumnas en el nivel requerido? Y si no es así, ¿por qué?
La respuesta podría ser totalmente razonable y válida. Por ejemplo, mi propio dojo, Gyodokan, es relativamente nuevo y aún no tenemos a nadie en el nivel necesario para hacerse cargo de una sala durante un seminario. Por supuesto, esperamos llegar a ese punto en el futuro.
Así que este año, en lugar de publicar algún tipo de mujer generada por IA- un poco extraña y levemente sensual- en Instagram, acompañada de un “¡Feliz Día Internacional de la Mujer!”, quizá sea mejor (o además, si realmente te gustan esas mujeres sexy hechas con IA) tomarse un minuto para reflexionar: ¿estoy haciendo postureo moral (virtue signalling), o realmente vivo los valores cuando nadie está mirando?
Al fin y al cabo:
“Lo que haces habla tan fuerte que no puedo escuchar lo que dices.” ~ Ralph Waldo Emerson